Publicado el 03/09/2025 por Administrador
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El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, endureció su discurso contra el presidente venezolano Nicolás Maduro tras el ataque militar que destruyó una embarcación en aguas del Caribe vinculada presuntamente al narcotráfico. Según Washington, la operación, que dejó once muertos, forma parte de una campaña más amplia contra organizaciones criminales transnacionales.
“Maduro es la única persona que debería estar realmente preocupada”, afirmó Hegseth, quien volvió a calificar al mandatario como el “cerebro de un narcoestado”. El funcionario aseguró que el operativo no será un hecho aislado, sino el inicio de una estrategia sostenida que contempla nuevas acciones en la región.
El ataque, realizado con apoyo de buques de guerra y un submarino nuclear desplegados en la zona, buscó enviar una señal de fuerza tanto a los cárteles como al gobierno venezolano. Para Hegseth, este tipo de operaciones demuestran que Estados Unidos está dispuesto a usar todos los recursos necesarios para desmantelar redes criminales.
El Pentágono confirmó que la ofensiva se enmarca en la designación de grupos como el Tren de Aragua como organizaciones terroristas extranjeras, lo que habilita el uso de herramientas militares más agresivas. “Cualquier embarcación identificada como parte de estas redes enfrentará el mismo destino”, advirtió el secretario.
Desde Caracas, la reacción no se hizo esperar. Maduro denunció que el ataque constituye una provocación y acusó a Washington de preparar el terreno para una intervención militar directa. El presidente venezolano incluso sugirió que las imágenes del operativo pudieron haber sido manipuladas mediante inteligencia artificial, aunque verificaciones independientes no han encontrado pruebas de ello.
En la arena internacional, expertos en derecho han cuestionado la legalidad de la acción, señalando que se trató de un ataque fuera de un contexto bélico formal y sin autorización de organismos multilaterales. Para algunos analistas, se abre un precedente riesgoso en la utilización de la fuerza extraterritorial bajo el argumento de la lucha antidrogas.
La escalada se produce en un momento de alta tensión geopolítica, en el que Washington busca reafirmar su influencia en el hemisferio y contener el avance de economías y alianzas rivales. Venezuela, por su parte, denuncia un intento de desestabilización que amenaza con desbordar la frágil estabilidad regional.